Casa de Pilatos en Sevilla: mudéjar, Renacimiento y azulejos
La Casa de Pilatos es un palacio sevillano que combina el mudéjar con el Renacimiento y cuyos muros están revestidos de azulejos de más de 150 diseños. Su nombre está ligado a una peregrinación a Jerusalén y a las doce estaciones de un vía crucis. ¿De dónde viene esa asociación y qué verás en su interior? En esta guía encontrarás la historia de su construcción, las claves de su estilo y sus principales espacios, del patio al jardín.
De dónde viene el nombre de la Casa de Pilatos
Pedro Enríquez de Quiñones y Catalina de Ribera compraron las primeras casas el 27 de septiembre de 1483. Pedro murió el 4 de febrero de 1492, por lo que Catalina dirigió la mayor parte de las obras hasta su muerte, en 1505. Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa, continuó la construcción. Esta sucesión explica que el palacio se levantara por etapas a lo largo de varias décadas.
Fue el marqués de Tarifa quien dio nombre al palacio. Tras una peregrinación a Jerusalén entre 1518 y 1520, advirtió que la distancia entre el pretorio de Pilatos y el Calvario coincidía con la que había entre su palacio y la Cruz del Campo. Trazó entonces un vía crucis con doce estaciones. En 1755, los documentos ya se referían al edificio como Casa de Pilatos.

Mudéjar y Renacimiento: el estilo del palacio
El palacio sevillano combina dos estilos: el mudéjar, de tradición española, y el Renacimiento italiano. La excepción es la Capilla de la Flagelación, de carácter gótico. Así, el edificio es el resultado de distintas etapas de construcción y no una obra uniforme de una sola época.
Esta variedad te permite reconocer los distintos estilos durante la visita. En cada zona puedes fijarte en los elementos mudéjares, renacentistas o góticos. A continuación, recorreremos el patio, los muros revestidos de azulejos y el jardín, donde mejor se aprecian las influencias italianas y españolas.
El patio principal y las estatuas romanas
Esta combinación de estilos se aprecia especialmente en el patio principal. Mide unos 324 m2 sin contar las galerías y cuenta con 24 columnas de mármol genovés y una fuente de mármol realizada en Génova en 1529. La construcción de la galería situada frente a la sala del Pretorio comenzó en 1526, antes de que se hiciera la fuente. Merece la pena contar las columnas y localizar la fuente: son puntos de referencia que te ayudarán a orientarte en el patio.
En las esquinas del patio hay cuatro estatuas romanas del siglo II, procedentes de la colección del primer duque de Alcalá. Entre ellas están Faustina la Menor y Palas Pacífica. El conjunto invita a recorrer el patio y detenerte en cada esquina para observar las esculturas.

Azulejos: qué conviene saber
Los azulejos del palacio se realizaron entre 1536 y 1539. Sus autores fueron Diego y Juan Pulido, padre e hijo, de un taller de Triana. La colección reúne más de 150 diseños, así que acércate a los muros para apreciar los detalles, además de contemplarlos desde el centro del patio.
El jardín y el destino posterior del palacio
El proyecto original del Jardín Grande fue obra del arquitecto italiano Benvenuto Tortello. Las obras se contrataron en 1569. El jardín completa la visita y muestra cómo el conjunto se extiende más allá de los muros revestidos de azulejos. Es, además, otra muestra de la influencia italiana, junto con el mármol de Génova.
Hoy el palacio pertenece a la Casa de Medinaceli. Lo gestiona la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, creada en 1980.
Resumen
La Casa de Pilatos reúne el mudéjar, el Renacimiento, una capilla gótica y más de 150 diseños de azulejos en un mismo conjunto. Cada parte corresponde a una época y está vinculada a quienes la impulsaron o realizaron: desde Catalina de Ribera y el marqués de Tarifa hasta Diego y Juan Pulido y el arquitecto italiano que proyectó el jardín. Lo mejor es recorrer el patio, detenerte ante los azulejos y visitar después el jardín, siguiendo la cronología de las obras descritas en este texto. Consulta las condiciones actuales de visita en las fuentes oficiales.